sábado, 20 de febrero de 2010

"MEMORIA NEGRA DE L'HOSPITALET" - Capítulo Primero - "A LA SOMBRA DEL CEMENTERIO"

El capítulo emitido el 4 de Febrero nos contó la historia ocurrida en 1899 cuando fue hallado el cadáver de un niño junto a los muros del cementerio deHospitalet.




MEMORIA NEGRA DE HOSPITALET

A LA SOMBRA DEL CEMENTERIO
En 1899 Hospitalet es una pequeña población que no alcanza los cinco mil habitantes. El núcleo urbano se concentraba alrededor de la Plaza del Ayuntamiento y la calle Mayor, donde se ubicaban la mayoría de comercios, era su arteria principal. Hospitalet, en fin, era una comunidad agrícola que vivía de los productos que daba la fértil llanura que se extendía a orillas del Llobregat.

Ese año 1899, a las puertas de un nuevo siglo que modificaría la ciudad por completo, un extraño suceso alteró la apacible vida de la localidad. Durante varios días no se habló de otra cosa que de una caja de tabaco encontrada, el jueves veinte de Abril, junto a la tapia del cementerio y en cuyo interior descansaba el cadáver de un niño de corta edad.

Debemos entender esa caja como un cajón de madera a sabiendas que en esos años la comercialización de cigarrillos manufacturados estaba reservada a las clases pudientes y el resto de consumidores compraba a granel la picadura del tabaco, picadura que era guardada, en los estancos, en grandes cajones.

El suceso fue a parar al Juzgado de primera Instancia de San Feliu de Llobregat, por pertenecer el cementerio de Hospitalet a su jurisdicción. El juez de esa plaza, Mariano Pérez Septién, era un magistrado prestigioso que en su carrera judicial había llevado temas de la envergadura de los abusos electorales ocurridos a finales de 1891 en el Ayuntamiento de Cervelló o la causa sobre falsificación de billetes del Banco de Francia en La Pobla de Claramunt, proceso que le deparó que la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena le condecorase con la prestigiosa Cruz de Carlos III .

Sin demora Pérez Septién decidió iniciar las diligencias oportunas para el esclarecimiento de tan singular hallazgo.

La primera teoría del juez fue que, tanto víctima como criminal, eran vecinos de algún pueblo de las inmediaciones al lugar donde había sido hallado el cadáver.

Hospitalet estuvo en el punto de mira de las pesquisas y se practicaron algunas diligencias provocando una relativa alarma entre unos habitantes poco acostumbrados a este tipo de situaciones.

Dos vías de investigación fueron las seguidas para el esclarecimiento de los hechos. Por un lado fue consultado el registro civil de nacimientos de los últimos años y por otro se interrogó a todos los empleados de los estancos de la zona para averiguar cual era el que había vendido el cajón de tabaco que había servido de improvisado ataúd.

Esas investigaciones surtieron efecto cuando un estanquero manifestó haberlo vendido desconociendo el fin último del cajón. Esa información fue determinante para la detención de Manuel Gannao, padre de la criatura muerta.

Manuel Gannao era de oficio guarda de consumos en Sants y en esa plaza tenía su residencia. Al no pertenecer Sants a la jurisdicción de Sant Feliu, Pérez Septién tuvo que hacer uso de las facultades concedidas por la Ley de Enjuiciamiento criminal para poder continuar en la resolución del caso.

Las primeras noticias de la prensa manifiestan que el padre, ante el interrogatorio del juez, declaró que su hijo estaba enfermo, que al ser pocos sus recursos no podía mantenerlo ni costear los gastos de la enfermedad y que por eso se decidió a estrangular a su propio hijo. La información a la que había tenido acceso el reportero de La Vanguardia resultó equivocada puesto que dos días más tarde el mismo periódico se desdice de sus palabras y detalla que el niño murió a consecuencia de una bronquitis y que enterado el padre de que los gastos que le ocasionaría el entierro ascenderían a una cantidad que no podría sufragar decidió comprar el cajón de tabaco, introducir a su hijo dentro y llevar por si mismo el cadáver al cementerio.

Días después, con fecha 5 de Mayo, el mismo diario informa de la puesta en libertad de Manuel Gannao sin que pesen sobre él cargo ni responsabilidad alguna en el supuesto delito que fue objeto de actuaciones judiciales.

El desconocimiento, de cómo transcurrieron los interrogatorios y la poco información que se posee del tema, hacen pensar en que el magistrado justificó, en cierto modo, el comportamiento del padre y estimó que ya era suficiente castigo el haber perdido a su hijo.

“La honradez, pues, del que fue objeto de sospechas ha quedado comprobada” – es la frase con que la prensa terminó la información de ese trágico suceso. Una historia de la que ya nunca más se volvió a hablar.

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